La luna llena alumbraba las calles empedradas de la pequeña aldea, proyectando sombras danzarinas en las paredes de las casas. En una de esas casas, una figura se movía con sigilo, evitando ser vista por los aldeanos curiosos. Era una noche como cualquier otra, pero para algunos, sería el inicio de un viaje que cambiaría sus vidas para siempre.